La necesidad de(l) ser

"Un escrutinio cercano mostrará que la mayoría de las "situaciones de crisis" son oportunidades o bien para avanzar o para quedarte donde se está". Maxwell Maltz


Las situaciones inesperadas son difíciles porque te obligan a perder esa falsa sensación de control que creemos tener sobre la vida, que es caótica, impredecible, cambiante.


No nos han preparado para los cambios; todo está cuadriculado desde prácticamente antes de nacer.

Cuando tu madre sale de cuentas, tienes que nacer, a los 4 el colegio, a los 16 tendrás que decidir qué camino quieres seguir en la vida, al principio de los veinte la carrera ya hecha, hora de encontrar trabajo, novio y casa. A los 30 más vale que tengas todo ya organizado porque a partir de los 40 hay que empezar a pensar en una jubilación que no llega hasta veinticinco años más tarde. Después, los nietos, "tomárselo con calma" y esperar. ¿Esperar a qué? Seguir guiones para ir siempre esperando la pantalla final.

Esperamos la hora de salir de trabajar, que llegue el viernes, esperamos las vacaciones, esperamos que nos llame, que alguien se acuerde de nuestros cumpleaños, de aquel plan que dejamos caer nos haría ilusión, esperamos que lleguen estaciones, años, meses concretos.

Es un constante juego de espera y frustración.


Porque la vida no es una agenda y no entiende de planes. El amor llegará cuando deba, los amigos pueden no ser constantes en una historia y puede también que encuentres el motor de tu vida a los cincuenta.


Y a veces, tiene que venir un palo muy grande, de dimensiones bíblicas, colectivo o individual, que lo trastoque todo, que nos enseño dónde está lo esencial.


Hay un pensamiento al que suelo recurrir con una cierta frecuencia en mi propia práctica artística. Los filósofos griegos clásicos, tenían un término para hablar del concepto fundamental, del elemento del principio de todas las cosas, el Arkhé y de todos ellos, Heráclito hablaba de ello como el fuego, el elemento transformador, "Del fuego son cambio todas las cosas y el fuego es cambio de todas, así como del oro (son cambio) las mercancías y de las mercancías el oro".


No creo que haya nada tan transformador, después del fuego, que nosotros mismos.


Lo estamos viendo estos meses. Desde el momento que todo esto nos estalló en la cara, sin anestesia, de manera brutal, con dolor, con miedo, la gente se unió más, surgía una necesidad del instinto de estar más conectados que nunca, de tener cerca aquellos que damos por sentado. Alargar la mano al desconocido para hacerle notar que no estaba solo ( y de la misma manera convencernos a nosotros mismos), crear lazos, telas de araña de amor que deseo con todas las fuerzas perduren en el tiempo.


No creo ser osada cuando afirmo que todos, en mayor o menor medida hemos perdido o perderemos alguien, algo, un trozo de nosotros mismos, quizás, algo querido, algo irreemplazable. Son tiempos llenos de nieblas que parecen que nunca se van a ir del todo ( al final, el tópico se cumple y el tiempo tiende a curar muchas heridas aunque sea lo suficiente como para que no se infecten) pero eso no nos debe hacer perder, por muy débil que sea, la esperanza de que saldremos de una manera u otra.


Tal vez, como decía Maxwell Maltz, si realizamos un escrutinio cercano, veremos que de todo esto, hemos aprendido la importancia del ser, y tal, vez, si somos afortunados y hacemos los deberes como debemos, podamos aprender a ser fuego, a ser Arkhé, a simplemente, SER.


Cuidaros mucho.







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